Día del padre

El 19 de Marzo es el día del padre, una festividad que no tendría sentido si fuéramos gatos, por poner un ejemplo. Hay muy pocas especies en las que los machos participen en el cuidado de las crías. Esto se debe a una adaptación al medio, especies sometidas a grandes presiones ambientales necesitan colaborar para garantizar la supervivencia de la especie. Los herbívoros se reúnen en manadas para protegerse de los depredadores. En el caso de los monos, el macho participa en el cuidado de las crías cuando la madre no puede hacerse cargo (por enfermedad de la madre, crías huérfanas, madres sobrepasadas por crías muy grandes…). En los humanos está claro que la madre tiene un papel imprescindible cuanto menor es el bebé, pero ésta necesita la ayuda de su entorno para poder criar a sus hijos: padre, abuelos, escuelas… Como dice un proverbio africano: “para educar a un niño hace falta una tribu entera”.
De esta forma, a lo largo de nuestra vida establecemos vínculos importantes y simultáneos con múltiples figuras. Cada relación nos aporta algo diferente. El primer vínculo se establece al nacer con el cuidador principal (generalmente la madre) a través de los cuidados diarios. El recién nacido está ligado a la madre tanto biológicamente como culturalmente, el padre tiene una participación activa pero secundaria. El número de relaciones va aumentando a medida que crecemos. La calidad de la relación del niño con la madre puede diferir de la calidad de la relación con el padre.
“La mayor diferencia de estilo de interacción entre padre- hijo y madre-hijo, se nota en los juegos: las madres tienden a balancear suavemente, acunar, mientras que los padres sacuden rítmicamente al niño. Las madres toman al bebé vocalizando, mientras que los padres son grandes lanzadores de bebes. Es decir que el estilo paterno es mas físico (lanzar, pellizcar, pedalear) mientras que el de las madres es más intelectual (vocalizaciones, presentar objetos).” (B. Cyrulnik)
Esa percepción del estilo del padre modifica el desarrollo del niño. “El bebe siente a su padre como más activo y agresivo, más brusco, más audaz y más distante que la madre, y de ese modo el padre favorece la independencia y la agresividad del bebé… El padre es el mediador de la separación y el catalizador de la sublimación de la agresividad por medio del juego” (E. Kestemberg). La interacción con el padre hace a los niños más despiertos, menos apacibles. La relación paterno-filial cumple varias funciones: pone límites, facilita el proceso de individuación y apoya en la crianza. Los bebés se pueden apegar a ambos padres a pesar de la diferencia de estilos.

La figura del padre evoluciona de la mano de la maduración del niño: padre intraútero, padre perimaterno, padre percibido (hasta que el bebe tiene 6 meses), papa (15-20 meses), padre social (2-3 años).
Durante el embarazo la madre marca las primeras improntas sensoriales en el psiquismo del niño. Pero el padre también tiene un papel importante. Lo que el hombre sienta hacia su esposa y el niño no nacido es uno de los factores más importantes para determinar el éxito del embarazo. Una pareja cariñosa y sensible que proporcione a la gestante un apoyo emocional y seguridad es un factor protector. La calidad de la relación de la pareja ejerce una influencia decisiva. Es por ello que hoy en día muchos de los cursos de preparación al parto incluyen a los padres en las clases. Además desde que el bebe está en el útero, recibe estímulos relacionados con el padre (la reacción de la madre a la presencia del padre transmite unas sensaciones al feto, su voz a través de la pared uterina…). El padre, y el resto de personas del entorno, pueden establecer  una relación intrauterina con el bebé a través del tacto y la voz. Los estímulos a los que se someta el feto intraútero serán familiares para él, y al nacer reconocerá las voces e identificará a esas personas con un estímulo seguro y familiar, facilitando una futura relación segura con el niño.
Cuando nace, es la madre la que tiene la mayor experiencia sensorial. Al padre se le felicita en un ritual social que lo bautiza como “padre”. En muchas ocasiones ni siquiera está presente durante el alumbramiento. El contacto con el recién nacido es beneficioso para el fortalecimiento del lazo afectivo; un vinculo temprano con el padre favorecerá que se sienta más unido a su hijo. Los hombres pueden ser tan maternales como las mujeres si se les da la oportunidad. El vínculo que termina forjándose entre padre e hijo puede ser tan fuerte y vital como el vínculo madre-hijo. Cada progenitor, según su manera de relacionarse con el niño, aporta una contribución singular pero complementaria al desarrollo del infante. Establecer una buena relación padre-hijo favorece su implicación, sentimiento de valía y confianza. Su presencia no sólo favorece su vinculación con el bebe, si no también facilita la relación madre-hijo. Si no aprende a cuidar del bebé, se sentirá inútil y terminará alejándose del núcleo familiar a modo de defensa, en busca de contextos más gratificantes y que le aporten valía propia. Que el padre establezca una relación significativa, un compromiso profundo, una implicación en la crianza e interés, será más beneficioso para el núcleo familiar.
Hasta el sexto mes, el padre es un sustituto de los cuidados maternos, el bebé no puede representárselo como una persona a parte por su inmadurez. A partir del séptimo mes el bebe mirará a su madre antes de explorar algo nuevo. A partir de entonces es la madre la responsable de familiarizar al bebé con el padre, denominarle “papá”. En función de la reacción de la madre, el bebe se sentirá seguro o no para interactuar con el padre. Dependiendo de la representación mental que la madre tenga del padre, reaccionará de una manera que tranquilice o no al bebé a interaccionar con él, dándole una condición especial como “padre”.A partir de ahí, la presencia del padre permite la triangulación de la relación, favoreciendo la diferenciación. En torno a los quince meses, el niño podrá referirse a esa persona como “papa” (aunque esté ausente) y señalarlo. En torno a los 3 años la denominación “papá” será algo más que una palabra, estará cargada de significado para el niño y pasará a ser “mi papá” con unas características específicas.

La relación padre- hijo tiene unas fases y va madurando con el tiempo. El tipo de relación se forja a partir de las experiencias vividas a lo largo de ese tiempo. Cada interacción, cada día, cada mirada.


¡Feliz día del padre!