El recién nacido se encuentra en un estado de indefensión absoluta. Necesita los cuidados de un adulto para sobrevivir. Un cuidado sensible que se adapte a las necesidades del bebé. Estas formas de interacción privilegiadas suelen darse con personas  del círculo familiar, especialmente la madre porque la primera interacción del bebé es con ella. La madre es la principal responsable del cuidado del niño durante los dos primeros años de su vida, a la que  pude vincularse afectivamente.
Se encarga de la nutrición, gestión de emociones y regulación de estímulos. Es un pequeño sistema social, coherente y atento. La relación madre-hijo se caracteriza por:
-La interacción se rige por los ritmos biológicos que condicionan la conducta del bebé: atención-desatención, actividad-pasividad. Los cuidadores podrán anticipar y adaptarse a estos ritmos.
-Son relaciones asimétricas: es el adulto el que se adaptará al bebé.
-Son especiales: por su grado de intimidad y por el lenguaje que se emplea (frases cortas, entonación y gestos exagerados).
-Están en continuo cambio porque van adaptándose a los logros y capacidades del niño y a las características del adulto.

Ainsworth en su proyecto Baltimore hipotetizaba que el tipo de vínculo que aprenda el bebé dependerá en gran medida del tipo de interacción con la madre. Los resultados que obtuvo de las observaciones le permitieron establecer cuales eran las dimensiones de la calidad del comportamiento materno en interacción con el niño:
-Sensibilidad/insensibilidad hacia las señales y mensajes del bebé.  Habilidad a la hora de percibir e interpretar adecuadamente los mensajes del niño y dar una respuesta contingente y apropiada. Una madre sensible percibirá las señales del hijo, intervendrá de forma oportuna y precisa, promoviendo las interacciones sincrónicas (acompasadas, rítmicas). La insensibilidad se caracteriza por una percepción inadecuada al mensaje del bebé, no responde al mensaje del niño o tiende a distorsionarlo para acomodarse a sus necesidades. Esta madre va a promover interacciones inoportunas e insatisfactorias.

-Aceptación/rechazo. Balance entre los sentimientos positivos y negativos que progenitor manifiesta hacia su hijo y el grado en que es capaz de resolver una situación en la que confluyan sentimientos conflictivos. Un progenitor que acepta es aquel que acepta al niño tal y como es (aún si es inestable). Además acepta de buen grado esa responsabilidad sin sentirse por esa limitación que tiene su rol de padre o madre. Por el contrario el rechazo es cuando el progenitor muestra sentimientos de enfado y resentimiento hacia el niño; se queja constantemente de que el niño interfiere en su vida y suele oponerse sistemáticamente a los deseos de su hijo. Su estado de ánimo será de continua irritación  y enojo

-Cooperación/interferencia. Grado en el que la iniciativa de interacción materna se realiza teniendo en mente el estado y actividad del niño en ese momento. Un progenitor cooperador respeta a su hijo como persona distinta de si mismo y evita entorpecer el desarrollo de sus actividades y de sus progresos y evita también no ejercer sobre él un control excesivo y directo. Cuando tiene que intervenir suele ser habilidoso de tal manera que el niño no lo vive como una intrusión. Un progenitor interferente no respeta la autoestima ni la individualidad de su hijo e intenta moldearlo y controlarlo a su imagen y semejanza. El padre suele seguir sus propios intereses sin tener en cuenta a su hijo.

-Accesibilidad/inaccesibilidad. Grado de accesibilidad física y psíquica que la madre manifiesta hacia su hijo. Una madre accesible es capaz de atender los requerimientos de su hijo aunque esté haciendo algo mientras. Una madre inaccesible se mostrará tan preocupada por sus propios asuntos y pensamientos que no aprecia las señales que le está enviando su hijo.

Por lo que un apego seguro correlacionaría con las siguientes características parentales: sensibles, seguros, aceptan al niño, cooperativos, accesibles y disponibles, emocionalmente expresivos, carente de rigidez en el trato con el niño.

La relación madre-hijo es fundamental para el desarrollo. Ésta debe ir evolucionando de una simbiosis madre-hijo a la separación paulatinamente para favorecer el desarrollo de la identidad y la autonomía del niño. Esta relación se verá facilitada por la intervención de la pareja y la familia extensa, así como por el entorno macrosocial. Las dificultades personales o relacionales que tengan las personas del entorno del niño afectarán a los cuidados que le ofrezcan (historia familiar, funciones parentales, valores sobre la crianza…). La familia es el primer contexto de socialización y aprendizaje. Por ello la educación familiar debe garantizar tres condiciones básicas (Díaz-Aguado, 2006):
– Apoyo emocional incondicional, que proporcione seguridad, sin proteger en exceso.
– Un cuidado atento adecuado a las cambiantes necesidades de seguridad y autonomía que experimentan con la edad.
– Una disciplina consistente, sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, que ayude a respetar los límites.

LLoyd de Mause en su libro "Historia de la infancia" dice que el origen de la evolución en las relaciones paterno-filiales se halla en la capacidad de sucesivas generaciones de padres para regresar a la edad psíquica de los hijos y pasar por las ansiedades de esa edad en mejores condiciones esta segunda vez que en su propia infancia. Los niños se ven obligados a desarrollarse en el seno de los problemas que sus padres plantean. Además de las dificultades que cualquier persona pueda tener, la maternidad conlleva una serie de riesgos que pueden dificultar el pleno desempeño de sus funciones:
-Durante el embarazo surgen algunos temores y dudas que producen miedo y ansiedad en la madre. Los más frecuentes son los efectos del embarazo en el cuerpo. Se preocupa por su imagen corporal y cómo afectará ese cambio físico a los sentimientos de su pareja. Muchas de las dudas que le surjan podrá consultarlas con un profesional, la información (sobre el desarrollo del feto, fases del parto, cuidados del recién nacido, reconocer al hijo como ser humano activo, sensible y con identidad propia) puede mejorar las actitudes de la mujer hacia el embarazo y sentirse más tranquila. Siempre que los consejos vengan de expertos (profesionales de la salud y personas cualificadas), no aceptar consejos a ciegas que puedan confundir más a la futura madre.
-Otros temores y ansiedades específicas muy intensos. Suelen ser irracionales, obsesivas, que incapacitan a la mujer. Estas mujeres tienen mayores complicaciones durante el alumbramiento y dificultades para vincularse con sus hijos. Por ejemplo, preocupaciones sobre su eficacia como madre o miedo a dar a luz a un niño deforme o retrasado. Las técnicas de relajación y respiración ayudarán a la futura madre a centrar su atención.
-El trabajo, sobretodo cuando es la mujer la única fuente de apoyo económico de la familia. Los sentimientos de realización y valía que pueda aportar a la madre influirán positivamente en el feto. Pero una presión muy grande a nivel económico puede ser un estresor peligroso para la gestación.
-A raíz del cambio en la familia suele aparecer la necesidad de adecuar la vivienda, lo que suele implicar mudarse a una más amplia y modificarla. Esto implica por un lado, un posible desarraigo por el cambio de domicilio, lo que dificultaría el acceso a la red social de apoyo (familia, amigos…) que favorezca un entorno protector. Y por otro lado, un sobreesfuerzo que sería más recomendable hacer antes de estar embarazada. Durante el embarazo es recomendable que la madre tenga un entorno confortable que favorezca el desarrollo intrauterino. Potenciar hábitos saludables que favorezcan el bienestar de la madre (alimentación, ejercicio, actividades placenteras, relaciones sexuales…).
-Una relación insatisfactoria con la pareja. El embarazo puede sacar a la luz fisuras en la relación que hasta el momento habían pasado inadvertidas. Se plantea un cambio en el ciclo vital de la persona, de la relación y un cambio en la estructura familiar que da lugar a nuevas preguntas. Hay que ejercer nuevas funciones y tareas, y pasar de un rol de pareja al de padre. Cómo se ajuste el sistema familiar a la nueva situación determinará el éxito de la relación.
-La relación que tienen la embarazada con su madre, su principal modelo de maternidad. La embarazada tendrá que elegir el modelo de madre que quiere ser y los valores familiares que se transmiten al niño. A veces puede desenterrarse conflictos con la familia extensa o conflictos internos relacionados con la crianza.
-Tener más hijos. Cuya crianza supone una carga extra de trabajo. También notarán el cambio en la estructura familiar. Para evitar posibles síntomas (celos, envidia, cambios de conducta, regresión) habría que explicarles el cambio que se avecina de forma adecuada a su edad.
-A nivel psicosomático, el embarazo puede detonar un riesgo emocional para la madre. Puede desenmascarar un conflicto psíquico latente en relación a la historia de la madre, atacar a su ego- identidad o surgir un estilo de afrontación del cambio inadecuado. Pudiendo ser necesaria una terapia personal para que no se interrumpa la comunicación madre-hijo previa al nacimiento, lo que afectaría al desarrollo del bebé y el vínculo.


Como se dice madre no hay más que una, y la importancia de esta figura queda patente. Favorecer las funciones maternas saludables posibilita el sano desarrollo de las generaciones futuras. En cambio parece que socialmente ser madre es cada vez más difícil. La lucha por la igualdad sin conciliación entre vida familiar y laboral pone a las mujeres contra la espada y la pared, teniendo que elegir entre ser madre o ser una mujer trabajadora de éxito. Esta dicotomía de roles sociales parece irreconciliable. Elegir una parece que implica rechazar la otra, y se juzga a la mujer por esa elección con frases como “se te va a pasar el arroz” o “porqué no trabajas en vez de quedarte en casa”.
Esta falta de apoyo social a la maternidad se filtra hasta en películas infantiles. Walt Disney se empeñan en anular la importancia de la figura materna (ver linko en idealizarla, (vease Mary Poppins). Y el único reconocimiento a cambio es el Día de la Madre.