A lo largo de la historia de la
humanidad ha ido cambiando nuestra concepción sobre el embarazo. En la
actualidad hay miles de ejemplos que demuestran que las emociones de la madre afectan a la salud del feto, que el niño no
nacido percibe y se ve afectado por lo que ocurre durante el embarazo. Niños
separados de sus familias por guerras, criados en situaciones extremas, músicos
de gran prestigio que reconocen piezas que sus madres oían durante el embarazo…
De hecho, se ha visto al feto reaccionar en el útero a estímulos externos. Y se
ha demostrado que los recién nacidos reaccionan al sonido del latido cardíaco,
reconociéndolo como familiar. También hay estudios que muestran signos de
memoria en el tercer trimestre de gestación. Todo ello nos ha llevado a generar
una nueva manera de entender el desarrollo humano y de responder a él. Según
avanzan los estudios sobre el vientre materno y el desarrollo del feto, se van
descubriendo más competencias del feto en el útero. Los niños ya no son unos
receptores inmaduros y pasivos. El feto puede ver, oír, experimentar, degustar,
aprender y sentir en el útero. Es por eso que favorecer un embarazo más sensible, nutritivo y humano beneficiará al
bebé. Hoy en día se recomienda a las embarazadas que no fumen, ni beban
alcohol, que coman sano, hagan ejercicio…todo ello porque se sabe que afecta al
feto. Esto demuestra que existe un
aprendizaje intrauterino. Lo que el feto percibe comienza a modelar sus
actitudes y expectativas.
Durante el embarazo, el entorno del
feto es el útero de la madre, percibiendo principalmente lo que recibe a través
de ella. Por lo que los pensamientos y sentimientos
que experimente la madre durante el embarazo repercutirán en su hijo, afectando
al desarrollo emocional del bebé y a la formación de su personalidad. Lo
que percibe el feto no es cualquier sentimiento que pase por la mente de la
madre sino emociones intensas y constantes. Sentimientos fundamentales como el
amor o el rechazo afectan al desarrollo intrauterino. Emociones muy intensas
producen cambios fisiológicos en el organismo materno. Su cuerpo responde liberando
determinadas sustancias (como adrenalina) al flujo sanguíneo, y de ahí llegan a
través de la placenta al feto. El cerebro inmaduro del feto no puede procesar
algunas de estas sustancias y se filtran en su sistema, afectando a la
formación de redes neuronales de su cerebro en desarrollo. Si este proceso se
repite constantemente se forma un patrón determinado de funcionamiento,
ajustado a esta respuesta fisiológica, que determinará el funcionamiento de la
mente del bebé en su vida futura. A medida que el cerebro madura, las
sensaciones primarias se convierten en estados emocionales más complejos.
Siguiendo a los autores Thomas Verny y John Kelly <<…a medida que el feto
gana conciencia de sí mismo como un “yo” definido y es capaz de convertir las
sensaciones en emociones, comienza a ser modelado cada vez más por el contenido
puramente emocional de los mensajes de su madre>>. De esta forma,
aquellas tensiones que aumentan la producción neurohormonal materna,
acrecientan la susceptibilidad biológica del niño, y le predispondrá a
determinados estados emocionales y trastornos físicos.
En torno al feto se puede constituir
un medio sensorial distinto en función del contenido psíquico de la madre, del contexto
afectivo y social. En palabras de Cyrulnik: <<La historia de la madre,
sus relaciones actuales y pasadas, participan en la constitución de ciertos
rasgos de temperamento en el niño>>. <<…Los adultos disponen entorno
del bebé los circuitos sensoriales y de sentido que le servirán como guías de
desarrollo y le permitirán tejer su resiliencia… y el andamiaje de los
temperamentos>>. Las primeras guías de desarrollo del niño se establecen
en función del mundo interno de los padres,
responsables de organizar el primer entorno del bebé. Cada bebé manifiesta
un tipo de respuesta intrauterina que representa una adaptación a la vida
extrauterina. En las ultimas semanas del embarazo, el feto va a buscar en su
medio las guías de desarrollo que más le convienen. Cuando nace, el bebé ya ha
adquirido sensibilidad hacia determinados acontecimientos sensoriales, y se
desarrollará preferentemente siguiendo dichas guías. Sabiendo esto, los padres
pueden usarlo como herramienta, generando espacios positivos (actividades
placenteras, relajación, escuchar música suave…). Un entorno cálido y enriquecedor generará cambios significativos en el
carácter del niño, desarrollando rasgos optimistas, confianza, cordialidad,
extraversión... Según Mary Main <<Los modelos operatorios internos de las
madres, valorados durante el embarazo, permiten predecir en más del 65% de los
casos el vínculo afectivo que tendrá su hijo a los 12 meses>>. De esta
forma, una comunicación madre-hijo afectiva, abundante, enriquecedora y
nutritiva establecerá un vínculo positivo. Según un estudio del doctor Gerhard
Rottmann, aquellas madres que desean a sus hijo y tienen una actitud positiva
durante el embarazo, tienen un embarazo más fácil, un parto con menos
complicaciones e hijos más sanos tanto física como emocionalmente.
La comunicación madre-hijo durante la gestación puede darse por tres
canales según describen los autores del libro “la vida secreta del niño antes
de nacer”:
-
Fisiológica:
basada en la nutrición. El feto desencadena cambios físicos en la madre a fin
de sustentarlo. Así mismo, la madre también transmite sustancias al feto, sean
a través de lo que consume o generadas por su propio organismo.
-
Conductista:
Los niños patalean cuando están incómodos, por ejemplo por un sonido o por una
emoción materna como cólera, ansiedad o miedo. La madre también se comunica con
el niño a través de su conducta, como frotarse la barriga o el ritmo de vida
que lleve.
-
Simpática:
durante el embarazo las madres experimentan sueños más intensos que podrían
formar parte de la comunicación extrasensorial por parte del niño.
